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La felación: una de las bellas artes



El sexo oral puede ser muy divertido y placentero. Es imprescindible que ambos miembros de la pareja lo deseen. No todas las mujeres conocen los intríngulis de la felación bien hecha. Vamos a estudiar cómo actuar, para hacerlo a gusto de todos.
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Mitos y tabúes

Como en toda práctica sexual, hay una buena cantidad de mitos y de tabúes acerca del sexo oral.

Uno de los mitos es el de la “mayor peligrosidad” o de “mayor riesgo por falta de higiene”. El riesgo es el mismo que en cualquier relación sexual en la que haya un contacto con fluidos corporales. Cualquier enfermedad de transmisión sexual puede contagiarse a través del sexo oral, exactamente igual que practicando cualquier tipo de sexo. Se trata, pues, de no practicarlo más que con aquellas parejas en las que tenemos una confianza total.

La higiene es la misma que debe haber para cualquier relación sexual, o aunque no haya ninguna relación. Los genitales deben estar limpios, lo cual se logra con agua abundante y con jabón dermatológico. No es necesario poner desodorantes, especialmente en las mucosas. Lo más probable es que resulten irritantes.

El olor de los genitales limpios es agradable, si estamos con una persona con la que nos sentimos bien practicando el sexo. Muchas mujeres temen por el olor que desprende su vulva, y algunos varones por el que exhala su pene, pero insistimos que con agua y jabón es más que suficiente.

Normalmente a todos los hombres les gusta que les practiquen sexo oral.

El
sexo oral es vulgarmente conocido como chupar, mamar, comer, lamer, hacer el francés, hacer el vicio, o cosas aún peores. Técnicamente como “fellatio” en latín y felación en español, Consiste en acariciar el pene con la boca, labios, lengua, paladar y campanilla.

Puede llegarse o no al orgasmo. Depende de la intensidad de las caricias y del tiempo que duren. A veces hay parejas que gustan de besarse y lamerse en todo el cuerpo, genitales incluidos, pero sin llegar a provocarse el orgasmo de esta manera. Otras, en cambio, consideran que un orgasmo obtenido de esta forma es el summum del placer. En los primeros escarceos es aconsejable no plantear directamente la felación. Pero es fácil llegar a ella si se empieza por rincones más o menos lejanos, y se permite (o propone) la aproximación progresiva (e inexorable) de la lengua hacia los sagrados lugares.

Normalmente, a todos los hombres nos gusta que les practiquen sexo oral. Si consultán la zona de “manual de sexo” de este distrito, veremos que la forma de excitarse sexualmente del varón es mucho más rápida y brillante que la forma en que se excita la mayor parte de las mujeres. El hombre, por otra parte, apenas empieza a excitarse, agradece las caricias directamente dispensadas en el pene.

Es interesante que, si vas a practicar el sexo oral por primera vez, negociés primero si llegaras a provocar orgasmo, y si la chica va a recibir el semen en su boca o no. Esto es muy personal. Hay chicas que se excitan con la visión, el tacto, el aroma y el gusto del semen, en tanto que otras le tienen un solemne asco. El hombre tiene que ser respetuoso con la decisión de su pareja. Algunas chicas gustan de recibirlo en su boca y tragarlo. Otras lo reciben y luego lo escupen. Otras vomitan si les toca la boca. En estos últimos casos es conveniente que el varón avise de su próxima eyaculación, para que la chica aparte su boca y tome medidas para no ponerlo todo perdido. La fisiología es sabia, y el hombre eyacula en ráfagas (lo que da tiempo a la mujer para deglutir el venerable líquido). Insisto, de todas formas, en que cada cual haga lo que mejor le cuadre.


¿Existe una técnica adecuada para tan suculento menester?

Como se dice en el kamasutra, a cada momento, estas cosas se aprenden con la práctica. Quizá valga la pena ofrecer unas pocas pautas:

Penes circuncidados, o bien sin ningún tipo de fimosis. El glande (la cabeza del pene) queda a sus anchas y descubierta cuando la piel del prepucio se retira. En estos penes la sensación provocada por los labios y la lengua es probablemente la mejor apreciada.

Es conveniente besar la cabeza del pene, lamerla, poner los labios en forma de O, y hacer un masaje arriba y abajo. Los labios deben recorrer el tronco del pene, y es prudente preguntar (para ello hay que sacar el pene un momento de la boca) cómo es mejor la caricia. Habrá varones cuyos penes se solazarán mejor cargando las tintas en la parte superior, especialmente en la corona (parte donde se juntan el tronco y la cabeza), en tanto que otros serán más agradecidos con caricias que abarquen más espacio. La lengua, traviesa, debe aletear por las zonas que el chico confiese preferentes.

Penes no circuncidados que quedan cubiertos por la piel del prepucio, incluso cuando están en erección. Estos penes son algo menos sensibles, en el sentido de que el contacto de la lengua y labios con la piel del glande es indirecto. Se hace a través del prepucio. Probablemente habrá menos trabajo con la lengua, y más movimiento entrando y saliendo el pene de la boca, presionando fuerte los labios para frotar el glande con el prepucio. Hay que vigilar qué hacemos con los dientes, pues pocos penes agradecen un mordisco fuera de tiempo. Otra cosa es un roce cariñoso, controlando la presión a la perfección. Cuidado con las prótesis correctoras de ortodoncia. Es importante colocar la lengua sobre los dientes inferiores. De esta forma se consigue, junto con el masaje de vaivén. la caricia substanciosa sobre la base del pene.

A veces va bien tener en la boca un caramelo con sabor fuerte, sobre todo si temes que el olor a pene te vaya a molestar

Una sensación muy agradable para el varón es la introducción del pene muy adentro de la boca, casi como si quisiéramos tragarlo. De hecho, el movimiento que debemos hacer es el mismo que para deglutir, pongamos por caso, una albóndiga. Hay que vigilar que el roce con la campanilla del paladar no excite una respuesta de espasmo. El subsiguiente cierre de la mandíbula podría provocar un mordisco del todo improcedente, o una reacción de vómito que, con toda probabilidad, rompería el hechizo del momento. En según qué morbosas ocasiones, una náusea puede ser muy excitante, pero no se tiene que llegar más allá.

Algunos hombres (es decir, muchos, o sea, todos) gustan de ser acariciados en sus testículos mientras les chupan el pene, lo que puede hacerse con las manos. Los hombres, contrariamente a las mujeres, gustan de introducir variaciones durante la fase en que están llegando al orgasmo. No pasa nada si, por unos momentos, sacas el pene de tu boca y dedicas los mejores afanes a los testículos. No los muerdas, pues son sumamente sensibles y responden con dolor supremo a cualquier presión desacertada. Deben ser chupados con mimo, introcuciéndolos y sacándolos de la boca, de uno en uno o los dos a la vez, depende de su tamaño.

Otra cosa que no hay que hacer, además de morder, es soplar por el pene. Aparte de que al varón le resulta desagradable, corres el riesgo de provocarle una herida por rasgadura (si se hincha) e incluso una infección.

Es importante prodigar gemidos, balbuceos y gorgoteos durante la faena. El varón, al escuchar tales murmullos, aumenta su excitación. Ni que decir tiene que la chica puede autoexcitarse al emitir los interesantes aullidos. Esta circunstancia puede prolongarse después del orgasmo masculino. Las chicas bien educadas se hacen una paja mientras se la chupan a su compañero, y rugen de gozo durante y después del orgasmo (suyo y de su pareja).

Es aconsejable, para aumentar el goce del acompañante, hacer alguna lingüística excursión por la zona perineal. Es esta zona que se extiende entre los testiculos y el ano. No pasa nada si la lengua se entretiene en el orificio anal, que, como es lógico, debe estar limpio. En caso contrario podría despertar repugnancias. Un ano limpio es un nido de placer, tanto para la lengua que le influye, como para la misma propietaria del lingual apéndice. El esfínter anal, este músculo redondo que configura el orificio, es extremadamente sensible y se pone muy contento cuando aprecia una buena lengua tentando sus capacidades.

Mientras se efectúa la felación es importante que la niña, en tanto pueda hacerlo, mire directamente a los ojos de su compañero. De esta forma podrá mejor sincronizar sus movimientos dependiendo de las sensaciones que reciba. Es aconsejable que la expresión del contanto visual transmita al varón la impresión de un goce supremo y del morbo más inconfesable que sea posible.

La punta de la lengua, en los momentos cercanos al espasmo, deberá centrar su trabajo en la zona del frenillo. Especialmente en los sujetos circuncidados, que tienen el glande mucho menos sensible.

A veces va bien tener en la boca un caramelo con sabor fuerte, sobre todo si temes que el olor a pene te vaya a molestar. Conviene no usar caramelos de mentol o de eucalipto, pues pueden resultar un poco irritantes o producir una sensibilidad excesiva al frío, poco agradable para la mayor parte de los penes.

Recuerda que el esperma, el semen, es una fuente de transmisión de enfermedades sexuales. Usa preservativo si no estás completamente segura de que tu compañero está perfectamente sano.

Recibir el esperma en la boca, o tragarlo, es algo que depende solamente de ti. Nadie puede obligarte. El varón no tiene más placer porque tú te tragues el semen. Eso sí, en el caso de retirarte, demostrarás mejor educación si acabas suavemente con la mano lo que empezaste con la boca.

Lo que nunca debes hacer es aquello que nos contó un amigo que iniciaba en el sexo a una muchacha de 20 años que, al parecer, debía de tener muy poca experiencia. Tras la efusión del seminal derrame, la chica, con cara de perplejidad y todo el sacrosanto fluido en la boca, dijo: 'Y ahora, ¿que hago?' (en realidad dijo 'ahoda') Ni que decir tiene que el recién zarandeado miembro plegó velas, y que su propietario rompió la quebradiza amistad que le unía a la despistada incauta.

CUALQUIER DUDA CONSULTA SIEMPRE CONTESTARE SUS COMENTARIOS O MAILS... .GRACIAS

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